Macedonia decide algo más que un cambio de nombre

Tanto la identidad como los intereses nacionales están en juego en el referéndum que los macedonios celebran este domingo sobre cómo denominar a su país. Formar parte de la OTAN y la UE podría depender del resultado.

Risto Mijakovski se sienta en una tienda de campaña en el pequeño parque frente al edificio del Parlamento macedonio en la capital, Skopje. Pintor de profesión, Mijakovski es miembro del movimiento #Bojkotiram (‘boicot’) que quiere preservar la República de Macedonia. “Al cambiar nuestro nombre, quieren borrar completamente la nación macedonia. Estamos perdiendo nuestra identidad, nuestro idioma, todo”, dice a DW.

El debate sobre cómo denominar oficialmente al país se ha ido calentando a fuego lento desde la independencia en 1991. Ahora, ha llegado a un punto de ebullición. Los ciudadanos de uno de los países más jóvenes de Europa votarán para cambiar el nombre de la antigua república yugoslava a “Macedonia del Norte”. Las encuestas sugieren que la mayoría apoya el cambio. Pero un número creciente de votantes, como Mijakovski, están tratando de socavar el procedimiento. Esperan que, si no se cumple la asistencia requerida del 50% de la población, la votación se declarará nula.

Risto Mijakovski quiere boicotear el referéndum.

Grecia firmó un acuerdo con Macedonia en junio de este año en un esfuerzo por desbloquear el ingreso del país en la Unión Europea y en la OTAN. El primer ministro macedonio, Zoran Zaev, aceptó el cambio de nombre a Macedonia del Norte para que no coincida con el de una provincia del norte de Grecia, llamada también Macedonia. Si el electorado decide agregar el calificador geográfico a su nombre actual, se abriría la puerta a la comunidad internacional. Si no, las consecuencias para uno de los países más pobres de Europa podrían ser devastadoras.

“Una oportunidad histórica”

El gobierno de Skopje afirma que el acuerdo no pone en peligro la identidad macedonia, sino que la refuerza internacionalmente. Varios de los principales políticos internacionales, entre ellos la canciller alemana, Angela Merkel, o el secretario de Defensa estadounidense, James Mattis, han visitado Macedonia para mostrar su apoyo. “Esta es una oportunidad histórica que una generación tiene solo una vez en la vida. No se quede en casa: aproveche la oportunidad democrática para decir lo que piensa sobre el futuro de su país”, dijo Merkel en una conferencia de prensa conjunta con el primer ministro de Macedonia, Zoran Zaev, a principios de este mes.

Manifestaciones en Grecia en junio contra el uso del nombre “Macedonia”, que coincide con el de una región griega.

Durante su visita a Skopje el 6 de septiembre, el secretario general de la OTAN, Jens Stoltenberg, confirmó que “el ministro de defensa de Macedonia podría sentarse en la mesa de la OTAN en febrero del próximo año si se acepta el acuerdo”. El comisario de Ampliación de la Unión Europea, Johannes Hahn, advirtió que si Macedonia no toma esta “ventana de oportunidad”, podría estar “cerrada por décadas, si no para siempre”.

Salir de la votación

Un diplomático occidental, en declaraciones a DW bajo condición de anonimato, dijo que los países de la UE y los Estados Unidos podrían apoyar a Macedonia, pero solo si el referéndum produce una clara mayoría a favor del acuerdo con Grecia. Ante la posibilidad de una baja participación, Zaev y otros ministros del gobierno han cambiado su narrativa en los últimos días de la campaña.

“El éxito del referéndum lo decidirán quienes voten. Los que no votan ni siquiera cuentan”, dijo Zaev en una conferencia de prensa el martes, minimizando la participación como condición previa para el éxito del referéndum. Hristijan Mickoski, líder del principal partido de oposición VMRO-DPMNE, ha descrito el acuerdo como “traición”. Pero, temiendo perder el apoyo de la UE y los Estados Unidos, Mickoski no quiere ser percibido como impulsor oficial de la campaña de boicot.

Macedonia era el país de Alejandro Magno y el origen de sus expediciones. Esta es una de las causas por los que Grecia no quiere que otro país se llame así.

“El acuerdo para cambiar nuestro nombre es perjudicial y debe ser rechazado. Está en contra de los intereses nacionales de Macedonia y en contra del estado de Macedonia”, dijo a sus partidarios en un mitin reciente.

El último obstáculo

Incluso después de la votación, todavía hay que superar un gran obstáculo. El gobierno debe garantizar una mayoría de dos tercios en el Parlamento para ratificar el acuerdo y hacer los cambios constitucionales necesarios. Todo esto no será posible sin la aprobación de VMRO-DPMNE o, al menos, el voto de parte de sus diputados.

Una fuente gubernamental que prefiere no ser identificada dijo a DW que el gobierno espera que la combinación de un fuerte apoyo expresado en el referéndum y la presión internacional pueda influir en al menos algunos de los legisladores opositores. Para Risto Mijakovski de la campaña del boicot, eso sería inaceptable. “Solo la gente puede decidir este problema”, protesta. Mijakovski ya ha decidido no votar y espera que el referéndum fracase. Piensa quedarse en su tienda hasta que “el nombre de República de Macedonia esté a salvo”.

Autor: Boris Georgievski, desde Skopje (LGC/EAL)DW

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